15/07/2010
Se ha dicho, estos días, por activa y por pasiva que en España, nunca se habían visto tantas banderas nacionales.
Diré más; en Cataluña, y según dicen, en comunidades llamadas históricas, tampoco.
Concretamente en Tarragona, se ha observado desde hace unas semanas, un incremento, una explosión diría yo, de exhibición de banderas nacionales en los balcones y ventanas de la ciudad y barrios.
Si uno pasea o se mueve por la ciudad, comprobará que en los balcones o ventanas donde hace unas semanas veíamos carteles de “se vende”, además de éstos, ondean banderas de España. Unas con un toro, otras con lemas alegóricos a la selección, alguna con el águila de San Juan que las convierte en inconstitucionales (como si la estelada, fuese constitucional) y algunas, las más, simplemente con los colores patrios.
Hace gracia observar ese fenómeno del cual los sociólogos tendrán una respuesta, mediante el cual, se unen en un fin común todas las tendencias, ideologías, pensamientos y hasta religiones o razas (excepto, claro está de una minoría radical que no representa a nadie ni es capaz de unirse a nada)
Todos con el fútbol. Todos con España. Difícil teorema y como vemos, de fácil solución.
El pueblo español, ha sido desde siglos un espécimen especial; una clase de gente diferente, una raza específica para el estudio. Nunca nos hemos sometido frente al invasor; nos hemos unido frente a ataques exteriores sin importar clases o tendencias. Desde siglos hemos sido un pueblo firme y duro.
Por ello, ahora nos ha tocado unirnos, mantenernos firmes frente a una causa común y todos desde Rosas a Finisterre y desde los Pirineos a Gata, hemos hecho apología de algo que llevamos dentro, el orgullo patrio.
Atrás quedan diferencias sociales, opiniones políticas y disciplinas de partido. El español de la calle (y siempre ha sido así) se une en dos cosas fundamentales: las grandes desgracias y la defensa de nuestro suelo, de lo que representa, sobre todo cuando estamos fuera o se juega el honor de la nación.
Vimos y oímos como algún descerebrado gritó ¡viva Holanda! Con misericordia cristiana hubo que perdonarlo ya que posiblemente desconocía que vivía en España y en segundo lugar, no sabía que los elementos de la selección eran españoles y siete de los cuales del mejor equipo del mundo, que es el Barcelona CF. Integrado en la liga española.
El desear un desenlace a favor de Holanda, demuestra una falta de dignidad patriótica y de los más elementales elementos de juicio cara a una sociedad plural que como tal acoge y recoge todos los pensamientos y tendencias valorando la idiosincrasia de cada pueblo y potenciando todas las tierras de España en un solo común formado por la variedad de criterios, de pensamientos e incluso de estilos regionales.
En definitiva, ¡bien por la roja! Bien por un trabajo bien hecho y sobre todo por ese coraje y ese tesón que caracteriza a las gentes de nuestro país.
Ricardo Torrebadella
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