RAFAEL CASANOVA, POR LA LIBERTAD DE TODA ESPAÑA
 

 

 

13/04/2011

¿Héroe español el adalid de la Diada?. Pues sí: el nacionalismo catalán a acaparado se memoria, pero eso no deja de ser una manipulación histórica. Porque este hombre, como él mismo escribió, se levantó “por la patria y la libertad de toda España”. Nada más urgente que deshacer la falsificación.

El día 11 de septiembre  celebra Cataluña su Diada. Hace muchos años que es una fiesta nacionalista. En ella hay un rito que nunca falla: una ofrenda floral en memoria de Rafael Casanova. ¿Qué es exactamente lo que se conmemora?. El levantamiento de Barcelona contra Felipe V de Borbón, que aplastó la resistencia de la ciudad durante la Guerra de Sucesión, en 1714. ¿Y quién era Casanova? El jefe de los barceloneses. Así se quiere poner en escena una especie de memoria catalana contra España. Lo que ocultan los nacionalistas catalanes es que Casanova no se levantó por la nación catalana, sino, literalmente, “por la libertad de toda España”. Casanova sin duda era un patriota, pero no era un nacionalista catalán, ni si quiera un nacionalista barcelonés, sino un patriota español. Y por eso su historia tiene que ser contada aquí, porque este es realmente su sitio.

Primero voy a contar los hechos. Estamos en 1714. En España arrastramos una guerra desde 1700: la Guerra de Sucesión. Carlos II, el último Austria, ha muerto sin descendencia y dos pretendientes extranjeros se enfrentan por el trono español: Felipe de Anjou, francés de la casa Borbón y el Archiduque Carlos Habsburgo, de la casa de Austria.  Los territorios españoles toman partido por uno u otro. Para simplificar, digamos que los territorios del Mediterráneo , catalanes, valencianos y baleares, junto a Aragón an ido tomando partido por el archiduque, que promete no sólo respetar sus fueros, sini ampliarlos; por el contrario, la corona de Castilla y especialmente la Corte de Madrid ha tomado partido por el Borbón, pero también lo han hecho los navarros y vizcaínos, cuyos fueros respeta Felipe.

Felipe V lleva la iniciativa política y militar, el último acto de la guerra es precisamente el asedio de Barcelona,  ciudad que se ha convertido en único baluarte de los partidarios del archiduque Carlos. Es un asedio terrible, feroz. Los sitiados no tienen ni una oportunidad de vencer, pero, a pesar de todo, insisten en no rendirse. El general que manda las tropas barcelonesas, Antonio de Villaroel, prefiere capitular, pero los burgueses de la ciudad quieren dar la batalla.  Cuando la situación es desesperada, aparece un hombre: Rafael Casanova, un abogado de prestigio que poco antes  había sido nombrado conceller en cap de Barcelona. Casanova también había propuesto rendirse, pero, ante la oposición de la mayoría, se aviene a prolongar la resistencia. Casanova publica un vado de gran importancia histórica. Entre otras cosas decía esto:

“Se confía en que todos, como verdaderos hijos de la patria, amantes de la libertad, acudirán a los lugares señalados con el fín de derramar gloriosamente su sangre y su vida por el rey,  por su honor, por la patria  y por la libertad de toda España” .

En términos muy parecidos se había expresado el jefe de la defensa, el general Villaroel: “Por nosotros y por la nación española combatimos”.

El día del ataque final, Casanova aparece en las barricadas llevando la bandera de Sta. Eulalia, la enseña de la ciudad, que sólo es sacada en momentos de gran peligro. Allí Casanova es herido y retirado del combate. Barcelona, cae, pero quedará el gesto de Casanova y su llamamiento a la resistencia. Resistencia, que hay que repetirlo “por la libertad de toda España”.

Para entender bien este episodio hay que aclarar unas cuantas cosas. Primero, qué significo la Guerra de Sucesión. Esta fue, sobre todo,  una guerra entre potencias europeas que querían quedarse con el pastel español, que era un gran pastel. Y por la ambición de hacerse con la corona española, se trazan dos grandes bandos: a un lado, Francia; al otro,  el Imperio (Austria) más Inglaterra, Prusia y Holanda. Francia respalda al candidato principal: Felipe de Anjou, nieto del rey Felipe IV y al que Carlos II había designado heredero; la otra coalición, la de Austria e Inglaterra, que de ningún modo querían ver a España y Francia unidas en una sola potencia política, ampara a otro candidato, el archiduque Carlos, que también era nieto de Felipe IV y sobrino de Carlos II.

Fue una guerra tremenda que afectó a toda Europa. Los episodios más duros se libraron en Flandes e Italia. En España terminaría manifestándose como guerra civil.

Hay que aclarar algo muy importante,  y es que la España de ese momento, la que deja en 1700 Calos II el Hechizado, no era en absoluto un país hundido y decadente. La gran decadencia española se había producido con Felipe III y, sobre todo, con Felipe IV, porque el esfuerzo imperialhabía sido excesivo para el país, una sangría de hombres y dinero. Pero en el último tercio del siglo XVII  España se recupera a gran velocidad. Lo sabemos por los datos demográficos  y por los movimientos económicos. Burgos, por ejemplo, ha triplicado su población en medio siglo, como Cádiz, Ciudad Real o Murcia casi la han duplicado. En Madrid se constituye en 1682 una junta general de comercio porque el país hierve de iniciativas comerciales. En Vascongadas y Cantabria se multiplica la producción industrial de artillería y en Barcelona empieza a organizarse la exportación de tejidos. Es decir, que en España empezaba otra vez a funcionar a toda máquina. Lo que ya no funcionaba, es vedad, es el aparato político, la corte madrileña, anquilosada y paralizada. Y el pobre rey Carlos II es el mejor ejemplo de esa parálisis política.

Otro dato importante: en esa situación de gran cambio socioeconómico, pronto aparecen innumerables conflictos de intereses entre distintas capas sociales. Son conflictos muy serios y que en cada lugar obedecen a causas diferentes. En Castilla, por ejemplo, hay una honda hostilidad a las capas más desfavorecidas hacia la nobleza tradicional. En Cataluña vemos una enorme agitación en el campo, con auténticas guerras entre familias enfretadas a muerte por un molino o por unas tierras. A esas guerras se añada la oposición entre tales y cuales sectores de la nobleza, tales y cuales sectores de la burguesía y todos esos conflictos encuentran en la Guerra de Sucesión un catalizador. Los bandos pasan der un candidato a otro según las circunstancias, Barcelona será partidaria der Felipe de Borbón antes de ser conquistada (por tropas inglesas) para el archiduque Carlos. Es decir que el paisaje era cualquier cosa menos simple.

Como Felipe era Borbón,  y se le presume afán centralizador, y Carlos era Austria, y se le presume talante imperial, descentralizador, esta guerra nuestra es muchas veces interpretada como una guerra entre dos modelos de Estado; el centralismo borbónico contra el foralismo –digamos autonomismo- de los Austrias. Eso explicaría la resistencia catalana como una defensa de las libertades propias frente al centralismo castellano. Pero eso no es verdad. Una de las primeras cosas que hizo Felipe V cuando llegó a España fue reunir a las Cortes de Cataluña y jurar sus fueros, concediéndoles incluso más  de lo que tenían. Y en Navarra y en los territorios vascos hizo lo mismo. O sea que esta tampoco fue una guerra entre dos modelos de Estado. La España borbónica se haría centralista, pero sólo mucho después de acabada la guerra, y no por voluntad de Felipe, si no por empeño de su abuelo Luis XIV, el rey de Francia, el rey sol, que así quiso poner orden en la administración española.

¿Por qué, entonces, los catalanes en general y Barcelona en particular defendieron tanto al archiduque Carlos?. Por muy variadas razones. Además de los mencionados conflictos sociales, en Cataluña muy mal recuerdo de las recientes guerras contra Francia, que se habían desarrollado sobretodo en suelo catalán y que había supuesto que España perdiera el Rosellón y la Cerdeña. Por eso a mucha gente le resultó intolerable que ahora reinara un francés. Varios agentes de la ciudad de Barcelona llegaron a un pacto secreto con Carlos. Y en la ciudad, tras el correspondiente asedio, aceptó al archiduque Carlos como rey. Porque, para los barceloneses, el Austria representaba verdadera mente la tradición española. Y lo defendieron incluso cuando ya este Carlos, proclamado emperador de Austria –Carlos VI-, se había desinteresado por completo de la corona de España. Un paisaje, en fin, muy diferente al que hoy nos venden los nacionalistas catalanes.
Después de este dibujo se entenderá la peripecia de Casanova. Volvemos a las barricadas de la ciudad, de nuevo a septiembre de 1714. Todo está perdido y solo los burgueses de Barcelona siguen ciegos, esperando un último respaldo de Carlos que ya nunca vendrá, porque a este le basta con la corona imperial austriaca. Harto del problema, el rey de Francia manda en socorro de su nieto, Felipe, al duque de Berwick, el gran general, para aplastar la resistencia. Los más sensatos –Casanova, Vilalaroel- saben que no hay nada que hacer y piden capitular. Los patricios catalanes se oponen. El día del último salto, Casanova está en la cama y Villaroel ha sido cesado como jefe militar de la defensa. Ambos, sin embargo, acuden al combate. Casanova lo hace con la bandera de santa Eulalia y ese bando nítido, inequívoco, en el que invoca la libertad de toda España. Casanova es herido. Retirado del combate, sus amigos lo esconden y se las arreglan para que se le dé por muerto. Barcelona cae, Felipe V, innecesariamente vengativo, suprime los fueros catalanes. FIN DE LA HISTORIA.

¿Y qué pasó después? Tras la derrota los bienes de Casanova fueron embargados, Don Rafael Casanova ordenó quemar sus documentos, se disfrazó de fraile  y huyó de la ciudad. Dice la vulgata nacionalista que Casanova mantuvo el contacto con varios de los dirigentes de la ciudad durante el sitio, así como con los exiliados en el imperio austríaco, ya se le atribuye la autoría del opúsculo austracista publicado en 1736, el “vigésimo segundo año de nuestra esclavitud”. Esto último no es más que una mera hipótesis. Lo que sí sabemos es que Casanova fue amnistiado pocos años más tarde, regresó a Barcelona y allí siguió desempeñando su oficio de abogado hasta su muerte. Hoy muchos autores reprochan a Casanovas su cobardía, pero es muy fácil pedir heroísmo cuando se hace la historia desde los papeles, y no desde el campo de batalla.

Por cierto: en lo que concierne a Barcelona, la misma corona que le había arrebatado los fueros le concedió enormes ventajas comerciales, de manera que la riqueza de la ciudad creció muy rápidamente . Por el camino, eso sí,  Felipe V entregó muchas de las posesiones españolas. Y Luis XIV, su mentor, no tardó en pactar con sus enemigos austríacos y contra sus otros enemigos, los ingleses. Triste historia después de todo.

Quedemos con lo fundamental: Rafael de Casanova, ese señor al que hoy honran como pionero de la nación catalana, nunca tuvo nada de tal. Tampoco nunca fue un héroe guerrero. Era un burgués de Barcelona, sensato y prudente, que en un momento muy difícil fue puesto al frente de una ciudad.  En ese puesto peleó por lo que él creía ser la verdadera España: la corona austriaca, con sus fueros y sus leyes, como era costumbre en la nación española. Peleó en nombre de esa España y lo hizo con un valor y una determinación a los que no le obligaban ni su estatuto, ni su profesión ni su temperamento, pero sí lo que él creyó su deber. Por eso merece un puesto destacado en la historia española.
                  

                                      Fdo. José Javier Esparza   (Tgn.)



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