12/05/2010
Zapatero se ha topado con la cruda realidad de los mercados. Sus convicciones ideológicas y su exceso de optimismo de nada le ha servido para convencerlos de que el recorte de gasto público anunciado por él en enero le iban a reportar credibilidad. Este fin de semana tuvo que apearse de su tozudez y admitir que sin aplicar medidas restrictivas y sin reducir el déficit como le reclamaban los países de la EU, España estaba avocada a la ruina.
La propuesta española de rebajar otros 15.000 millones adicionales de la deuda hasta finales de 2011, no es aún suficiente. Por otro lado no se sabe cómo ni de dónde logrará reducir el déficit. Ni siquiera por lo anunciado ayer por la ministra Salgado, que afirmó que las comunidades autónomas van a ser “clave” en este ajuste adicional, bastará para devolver la confianza a sus homónimos de la EU. No habrá confianza mientras siga siendo tabú tocar el sueldo de los funcionarios o reducir el número de ellos en lugar de incrementarlo. También afirma que todo eso lo hará sin subir los impuestos. Ambas cosas a la vez son incompatibles. En julio del año pasado Zapatero aseguró con rotundidad que nunca subiría los impuestos, y dos meses después imponía una subida del IVA y del IRPF. Ya pueden hacerse idea los contribuyentes de lo que les espera pasado el verano.
Zapatero, Salgado y sus asesores deben determinar con urgencia por dónde corta sin que se vean afectado los trabajadores por cuenta ajena, los autónomos, los funcionarios públicos, los sindicatos, ¿es posible contentar a todos?. Evidentemente no. Las medidas a tomar son impopulares e incluso dolorosas. Pero mejor pasarlo mal unos años que hipotecar a toda una generación. Aun que cueste perder el poder.
Ed. Diari de Tarragona
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