03/01/2012
A veces, dudo de la legitimidad de las leyes. Pido perdón por mi ignorancia pero a vista general y con la pobreza de sapiencia del que escribe, no veo que de verdad seamos todos iguales.
No entro en el tema de trabajo, ni de la vivienda digna, ni del sueldo adecuado, ni de la igualdad entre sexos, todo eso, ya sabemos que es mentira que sólo ocupa unas líneas en la Carta Magna para hacerla más gorda y lucida.
Me refiero a que cuando la policía, un juez o la administración, te reclaman, vas corriendo por dos razones:
Porque en este país, desde hace muchas décadas (lustros, diría yo) el que manda tiene razón; y el otro, el de a pie, obedece porque las consecuencias pueden ser fatales tanto para el indivíduo como para su bolsillo
Pero nos encontramos que cuando a los primeros hay que tocarles la cresta por algún desliz, bagatela, error, o simplemente que se olvidaron de poner en una caja el dinero que correspondía a otra o a ninguna de las dos; en ese caso, se les da toda clase de facilidades para que acudan a dar la explicación pertinente naturalmente respetando su agenda.
A la mayoría de los mortales de este país, se les reirían en las barbas cualquier funcionario al que se le informara de que no podía acudir al juzgado por motivos de agenda o por ser unas fechas en las que tradicionalmente está reunido con su familia. Y ya se sabe, lo primero, es lo primero.
Ricardo Torrebadella
Delegación de Tarragona
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