La otra tragedia
 

 

 

03/04/2010

Pocas veces una estadística ha depositado sobre la actualidad una noticia tan estremecedora como la publicada por el INE el mes pasado, que revelaba que en España se suicidaron 3.421 personas durante 2009. Es un dato aterrador. Ni más ni menos que nueve suicidios cada día; más muerte que las que provocan los accidentes de carretera.

Aseguran los entendidos en la materia que el suicida tiene predisposición  y razones que abocan a este desenlace como liberación de sus angustias. Es el adiós a sus problemas para él el insalvables que pueden ser provocados por la penuria, la mala salud, la soledad y también por una herida amorosa.

Detrás de esta cruda realidad se esconden posiblemente miles de historias personales a cual más estremecedora. Dolor y tragedia que, salvo cuando el suicida es famoso, no salen en los medios de comunicación. La más de las veces porque los allegados sienten vergüenza y ocultan lo ocurrido.

El suicidio tiene mala fama y el suicida,  con arreglo a la costumbre católica, es un excluido de lo sagrado. De ahí el silencio; la ocultación de una última voluntad que nadie debería profanar para intentar interpretarla.

La estadística del INE sobrecoge y debería hacernos recapacitar a todos. Algo no funciona bien en nuestra sociedad para que se de esta cifra tan alta de suicidios. La sola idea de pensar que hoy se suicidarán nueve personas en nuestro país encoge el alma.

                                                                  EDITORIAL (Diari Tarragona)

 

 


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