21/10/2011
Por mi apellido podréis relacionarme con el General que en la guerra de la Independencia, galantemente le quitó la espada a un tal Dupon en la gloriosa jornada un 19 de Julio en la vecina ciudad de Bailén. Dicha batalla no se decidió en Bailén (os lo comento como apunte de historia somaten) sino en la batalla de Mengibar.
Días antes mi tatarabuelo en Mengibar mandó somatenes a retaguardia (hermanos colonos procedentes de Alemania y de Austria) y que aún no habían perdonado que a su princesa austro-hungara Maria Antonieta la guillotinaran por el pecado de ser esposa de Luis XVI. Era aún para ellos un magnicidio reciente y doloroso. Por eso a ellos mandó a quince hombres que rodearon el campo de batalla diez kilómetros y sorprendieron al Estado Mayor de la caballería francesa. Al General Gobert le dieron dos tiros en la cabeza, no murió, quedó terminal y a sus ayudantes de campo, cuatro coroneles y cinco comandantes cayeron fulminados bajo el fuego de nuestros compañeros.
El General Gobert murió en mi pueblo Guarromán, trasladado a él para su cuidado. El comando era de Guarroman, pueblo donde está enterrado el General en la sacristía de la Iglesia y en el cementerio del templo está enterrado el resto del Estado Mayor que sucumbió bajo el fuego de nuestros camaradas.
Días después, en Bailen la caballería francesa luchó sin mandos. A espaldas del rio Rumblar salió la infantería, la caballería francesa salió a barrerlos. Los nuestros retrocedieron refugiándose en un olivar a sus espaldas. Escondidos entre los troncos del olivar la caballería francesa fue masacrada por la infantería y somatenes escondidos tras los troncos de los olivos. Viendo Dupont el desastre mandó a salvar lo poco que quedaba de la temible caballería francesa. A campo abierto y sin protección la infantería corría en auxilio de su caballería cargados con calor de un 19 de Julio, axfisiante y agotador.. Desde atrás del olivar donde la infantería destrozó a la caballería francesa, a la orden cargaron los garrocheros andaluces (los franceses no tenían protección). Los pocos infantes franceses que quedaron se refugiaron en el olivar donde yacía la caballería masacrada. Entonces mi tatarabuelo mandó a la artillería destrozar el olivar . Dio un día para enterrar muertos, y recuperar heridos. Le dijo el tal Dupont "Aqui le entrego Gral Castaños mi espada vencedora en mil batallas" y mi antepasado humildemente le contestó "Pues yo Sire es la primera que consigo".
Es de destacar la labor de aguadoras de una serie de mujeres que entre el fuego cruzado daban agua a las sedientas tropas españolas, todas procedentes de un lupanal de Bailen destacándose de todas ellas María Bellido, mujer lisonjera, fuerte y valiente.
Como estoy escribiendo a supuestos camaradas, imprescindible es que me digáis, como se estrechan la mano dos somatenes sin que nadie se entere que lo son. Porque la verdad es que escribo al vacio y no sé si esto, camaradas es un camelo.
Saludos y siempre y sin interés a vuestra disposición Leopoldo Castaños Alcaide |